Septiembre y los propósitos: elegir objetivos que realmente nos importan
Con la llegada de septiembre es habitual recuperar, aunque hayan pasado muchos años desde nuestra etapa escolar, esa sensación de comienzo de curso. El cambio de rutinas, la vuelta a la actividad y el inicio de una nueva etapa después del verano pueden llevarnos a plantearnos nuevos objetivos, de una forma parecida a lo que ocurre al comenzar el año.
Establecer metas puede ser positivo. Nos ayuda a orientarnos, a organizar nuestras prioridades y a avanzar hacia aquello que queremos conseguir. Sin embargo, también puede convertirse en una fuente de presión cuando sentimos que tenemos que estar constantemente mejorando, avanzando o alcanzando nuevos logros.
Vivimos en un entorno en el que la productividad suele estar muy valorada. Por eso, es fácil caer en la idea de que siempre deberíamos estar haciendo algo más. Incluso cuando conseguimos aquello que nos habíamos propuesto, podemos pasar rápidamente al siguiente objetivo sin detenernos a reconocer el esfuerzo realizado.
Cuando conseguir una meta no es suficiente
¿Qué ocurre cuando alcanzamos un objetivo? En ocasiones, apenas nos damos tiempo para disfrutarlo. Lo marcamos como conseguido y continuamos con la siguiente tarea pendiente.
Sin embargo, reconocer nuestros propios logros también forma parte del proceso. Valorar aquello que hemos conseguido puede ayudarnos a reforzar una percepción más equilibrada de nuestras capacidades y a reconocer el esfuerzo que hemos realizado para llegar hasta allí.
En el extremo contrario encontramos el miedo a volver a intentarlo. Si hemos vivido varios intentos fallidos, es posible que aparezcan pensamientos como «esta vez tampoco lo conseguiré» o que anticipemos de antemano un resultado negativo.
Un fracaso puntual no tiene por qué ser perjudicial. De hecho, puede ayudarnos a revisar nuestras expectativas, modificar determinadas estrategias y aprender a aceptar nuestros errores. El problema aparece cuando las experiencias de fracaso se repiten y terminan afectando a la manera en la que nos percibimos.
Una sucesión de experiencias negativas puede hacer que empecemos a cuestionar nuestras capacidades y a construir una imagen cada vez más negativa de nosotros mismos.
La importancia de elegir bien nuestros objetivos
No todos los objetivos tienen el mismo significado para todas las personas. Una meta puede ser adecuada para alguien y no tener ningún sentido para otra persona.
Por eso, antes de pensar en cómo conseguir un objetivo, quizá sea interesante preguntarnos por qué queremos conseguirlo.
¿Es algo que realmente necesitamos? ¿Es un deseo propio? ¿O responde a lo que creemos que deberíamos hacer, a las expectativas de nuestro entorno o a una determinada idea de éxito?
Esta reflexión puede resultar especialmente importante porque, a lo largo de nuestra vida, vamos aprendiendo a diferenciar entre deseos y necesidades. Podemos desear algo intensamente y dedicar mucho esfuerzo a conseguirlo, pero eso no significa necesariamente que vaya a proporcionarnos aquello que necesitamos.
Pensemos, por ejemplo, en la compra de un coche. Puede que lo que realmente necesitemos sea disponer de mayor autonomía para desplazarnos, ahorrar tiempo en nuestros trayectos o sentirnos más libres. Sin embargo, podemos terminar asociando esas necesidades a un determinado modelo, una marca o unas características concretas.
La pregunta interesante sería: ¿el objetivo que nos hemos marcado responde realmente a nuestra necesidad?
Objetivos realistas, pero también significativos
Cuando hablamos de establecer objetivos, solemos escuchar que deben ser específicos, realistas, medibles y alcanzables. Estas características pueden ayudarnos a plantear metas de una forma más eficaz, pero existe una cuestión previa que no siempre tenemos en cuenta: que aquello que queremos conseguir tenga sentido para nosotros.
Un objetivo puede estar perfectamente definido y ser completamente alcanzable y, aun así, no proporcionarnos satisfacción si no conecta con nuestras verdaderas necesidades o prioridades.
Cuando acertamos con aquello que nos proponemos, la experiencia suele ser diferente. Conseguirlo puede generar satisfacción, sensación de realización y una percepción más positiva de nuestras propias capacidades. También nos permite comprobar que somos capaces de avanzar y superar dificultades, incluso cuando no todo sale como esperábamos.
Por eso, quizá no sea necesario llenar septiembre de nuevos propósitos. A veces resulta más útil revisar los que ya tenemos y preguntarnos si siguen teniendo sentido.
Antes de añadir nuevos propósitos, conviene parar
Septiembre puede ser un buen momento para reflexionar, pero no necesariamente para imponernos una nueva lista de obligaciones.
Antes de plantearnos qué queremos conseguir durante los próximos meses, podemos preguntarnos qué esperamos obtener realmente de ello. También puede ser útil revisar aquellos objetivos que llevamos tiempo repitiendo sin conseguirlos.
Quizá necesitemos cambiar la estrategia. Quizá el objetivo sea demasiado ambicioso. O quizá, sencillamente, ya no sea un objetivo que realmente nos importe.
También conviene prestar atención al ritmo con el que vivimos nuestros logros. Pasar de una meta a otra continuamente puede impedirnos disfrutar de lo conseguido y tomar conciencia de todo lo que hemos avanzado.
Y en el caso contrario, cuando tendemos a pensar demasiado antes de actuar, establecer pequeñas metas puede ayudarnos a romper el bloqueo. No todos los objetivos tienen que ser grandes o trascendentales. En ocasiones, dar un pequeño paso es suficiente para comenzar a avanzar.
En definitiva, septiembre puede ser una buena oportunidad para revisar nuestras prioridades, pero no tenemos por qué convertirlo en una carrera hacia nuevos objetivos. Antes de preguntarnos qué queremos conseguir, merece la pena preguntarnos qué necesitamos y por qué queremos conseguirlo.
Si esta reflexión genera dudas sobre nuestras prioridades, nuestra forma de afrontar los objetivos o la presión que nos imponemos en el día a día, contar con el acompañamiento de profesionales puede ser de ayuda. En Inmentium, nuestro equipo de psicólogos en Murcia puede ayudarte a comprender mejor estos patrones y a trabajar en ellos desde una perspectiva psicológica.



