La autoestima en estas edades es especialmente vulnerable: se construye con experiencias de competencia, pertenencia y validación. Cuando hay autocrítica constante, perfeccionismo, miedo al error o sensación de “no encajo”, el menor puede vivir en tensión interna aunque por fuera parezca que “todo va bien”.
Las dificultades de regulación emocional se ven como explosiones, llanto desbordado, irritabilidad sostenida, impulsividad o, al contrario, desconexión y apatía. Aprender a regular no significa reprimir: significa identificar lo que se siente, entenderlo, tolerarlo y responder con herramientas. Ese aprendizaje protege la salud mental presente y futura.
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