Cuando la regulación emocional falla, la emoción no solo se siente: arrastra. Puede haber cambios bruscos de ánimo, impulsividad, reacciones intensas ante el rechazo, irritabilidad, ataques de ira o, al contrario, desconexión y anestesia emocional.
Esto impacta en relaciones, trabajo y autocuidado, y suele ir acompañado de estrategias poco útiles (evitar, discutir, callar, comer, beber, aislarse). Aprender a regular no es “controlar”: es entender la emoción, sostenerla y responder con más libertad.
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