Tratamiento de la Parálisis Supranuclear Progresiva en Murcia | Inmentium

Parálisis supranuclear progresiva

Cuando el control del movimiento y la mirada se ve progresivamente afectado y limita la autonomía.

Parálisis supranuclear progresiva

La parálisis supranuclear progresiva (PSP) es una enfermedad neurodegenerativa poco común que afecta al control del movimiento, equilibrio y otras funciones básicas. Es provocada por el deterioro gradual de ciertas áreas del cerebro, en particular aquellas que controlan los movimientos oculares y la postura. Suele presentarse en personas mayores de 60 años y, aunque sus causas exactas son desconocidas, se cree que está relacionada con la acumulación anormal de la proteína tau en el cerebro.

Los síntomas principales de la PSP incluyen dificultad para mover los ojos, especialmente hacia abajo, problemas de equilibrio que provocan caídas frecuentes, rigidez muscular y lentitud en los movimientos. A medida que avanza la enfermedad, también pueden aparecer alteraciones en el habla y la deglución, así como cambios en el comportamiento, con tendencia a la irritabilidad, apatía o depresión. Estos síntomas suelen empeorar progresivamente, afectando gravemente la capacidad para realizar actividades cotidianas.

Aunque no existe una cura para la PSP, los tratamientos disponibles se enfocan en manejar los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes. La terapia física, los medicamentos para controlar la rigidez y el apoyo especializado en las dificultades del habla y la deglución son clave para prolongar la autonomía del paciente tanto como sea posible.

  • Dificultad para mantener el equilibrio y caídas frecuentes, especialmente hacia atrás.
  • Rigidez muscular y lentitud en los movimientos.
  • Problemas para mover los ojos, especialmente en la mirada vertical.
  • Dificultad para enfocar o seguir objetos con la vista.
  • Alteraciones en el habla, como voz más lenta o dificultad para articular palabras.
  • Problemas para tragar (disfagia).
  • Cambios en la expresión facial, con apariencia de rostro rígido.
  • Dificultades cognitivas, como problemas de atención o planificación.
  • Cambios en el estado de ánimo o en el comportamiento.
  • Fatiga y deterioro progresivo de la autonomía.
  • Cuando aparecen problemas de equilibrio o caídas sin causa clara.
  • Si existen dificultades para mover los ojos o enfocar la mirada.
  • Cuando se detecta rigidez, lentitud o torpeza en los movimientos.
  • Si hay problemas para hablar o tragar.
  • Cuando se observan cambios cognitivos o de comportamiento.
  • Si los síntomas son progresivos y afectan a la vida diaria.
  • Ante cualquier sospecha de enfermedad neurológica degenerativa.

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